martes, 28 de febrero de 2017

Crónica XXIII. Cantos nocturnos: Adiós, Tiami, buen viaje



Crónica XXIII. Cantos nocturnos: Adiós, Tiami, buen viaje

Al hada de la luna.
La que nos hizo mayores a base de ser siempre niños
La que siempre fue una niña a pesar de hacerse mayor
A Mercedes López Martín, mi tía… nuestra Tiami
 



Que sí, que ya sé que probablemente no la leas, pero no quería ir a Llerena a acompañarte en tu último paseo sin escribirte antes esta carta de despedida.

El tren sale en una hora, el mismo ruidoso amasijo de hierros en el que siempre hemos ido a casa en vacaciones ¿te acuerdas?. Ay, aquella jauría de niños inquietos que salían de esos vagones e invadían la Calle Santiago, y que os tocaba soportar, verano tras verano, con una sonrisa de las casi madres de todos nosotros que fuisteis.

Hoy quiero que te vayas con esta carta, y quiero compartir con mi gente, igual que comparto sueños, risas y a veces enfados, los recuerdos de toda una vida y el dolor que en este momento me ennegrece el alma.

Muchas veces te escuché decir, hasta la saciedad, que no querías ser la última, que no querías ver irse, uno por uno, a todos tus hermanos y hermanas... Pero lo fuiste, la última de una generación de personas buenas, para no entrar en calificativos chorreantes que oculten la inmensa tristeza que me agrieta el corazón desde esta mañana.

Te has ido, gamberra, sin despedirte. No quisiste ser pesada, no se te oyó salir, y te llevaste el último trozo de nuestro corazón infantil, ese trozo que aún juega con los gatos, persigue a las gallinas y se esconde en las frescas habitaciones del fondo de la casa para que no le laven detrás de las orejas.

Llévate ese trocito, niña: Te lo regalo, “p'a tí p'a siempre”.

Y donde vayas, quiero creer que te encontrarás con Papá, con Tío Enrique y Tío Lorenzo, con Cotola, Tía Araceli, Tía Rosi, Tía Dolores, Tía Clotilde y Tía Adelaida.

Y también quiero creer que en algún sitio, estarán con ellos Tío Fulgencio, Tía Lala, Tío Enrique López Vidarte y todos vuestros primos que, uno por uno, como granos de una granada, han ido soltándose y yéndose.

Toda una generación ha terminado de irse, la que nos tuvo, nos crió y nos hizo los niños más felices de Llerena.

Ese elenco de actores y actrices de la vida que soportó estoicamente, primero dos guerras, y después las travesuras de unos niños que soñaban con mares profundos mientras remaban en una caja de cartón en el patio; los mismos niños que subían a caballo de las ramas de una higuera buscando países de fantasía, y saltaban por los tejaos de Lalo buscando tesoros escondidos: Mi hermana, mis primos y yo.
           
Gracias Tía Mercedes, Tiamichichi como te gustaba que te llamásemos, gracias por todo, gracias a todos, gracias por haber estado ahí toda esta vida.

Vuestros "niños" ya les han hablado mil veces a vuestros nietos, y estos también lo harán a vuestros biznietos cuando sean mayores y puedan entender, que tuvieron la enorme satisfacción y el impagable regalo de haber nacido y crecido a vuestro lado.

Gracias, componentes añorados, y ya extintos, de la generación López, la de entreguerras, que os habéis ido uno a uno, dejándonos los ojos repletos de lágrimas y el corazón inundado de recuerdos imborrables y felices.

Buen viaje Tiamichichi, te deseo un buen viaje, el mejor de los viajes, el que acabas de emprender para encontrarte con Abuelina, Abuelito, tus hermanos y tus primos. Como siempre solíais decir: ¡Llama cuando llegues, y da recuerdos por allí ! :)

Os quiero a todos. Os queremos a todos.

Javi...y todos los demás niños.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Crónica XXIV. Cantos nocturnos: A Miguel Ángel Romero Mejías, mi amigo ... mi hermano


Crónica XXIV. Cantos nocturnos: A Miguel Ángel Romero Mejías, mi amigo ... mi hermano
A Miguel Ángel Romero Mejías, Mi hermano
Y a aquellos tiempos de luz y sombra

Gracias Miguel, por los buenos tiempos, en los que nos reíamos bajo la lluvia, con unos zapatos rotos y un paraguas con agujeros. Aquellos tiempos donde las tristezas de la vida acababan indefectiblemente en unas incontenibles risas, un abrazo de verdaderos amigos y un litro de cerveza.
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Aquí seguiremos, en este pudridero, recordando las sabias conversaciones que emergían de una noche de pitillos y lunas descosidas.
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Ten un buen viaje, amigo. De corazón.
.
Tu vida se ha parado en un segundo
de calma y de agonía,
de lágrimas calladas y vacías
de recuerdos llorados y profundos.
Volveremos a vernos algún dia,
fiel amigo, quien sabe si en otro mundo.

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