lunes, 21 de enero de 2019

Crónica VII. El Loco.



Crónica VII. El Loco.

Aquella noche decidí irme a la orilla del Guadalquivir, a tirar piedras a las estrellas, mientras aspiraba el olor de salvia y jazmín del fugaz final de verano.

De pequeño siempre me contaban que hubo alguien que, en una noche como aquella, acertó a darle a una.

Y también cuentan que los trozos brillantes empezaron a caer sobre el río, iluminando a partes iguales a su alma y a la ciudad.

Nunca escuché que nadie más fuese capaz de aquello, así que me puse a la labor: una, dos, tres, todas iban volviendo al agua desde la negra bóveda.

Era un sueño muy difícil de alcanzar. Tan difícil que ahora me encuentro en esta oscura habitación, en la que reina un penetrante olor a detergente, y sin estrellas a las que apuntar.

Ahora, no puedo lanzar más piedras: Estoy extrañamente vestido con una camisa blanca que no me permite mover los brazos, la misma que me pusieron aquellos enfermeros que gritaban y me hacían daño.

Estoy en un sanatorio mental. Los asesinos de sueños lo han vuelto a hacer. Malditos sean.

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