Y la vida siguió, y era un camino
que burlaba los bordes de un barranco,
con mil metas que alcanzar, con mil destinos,
y al fondo un horizonte azul y blanco.
¿Piensas quedarte conmigo para siempre? Ojalá que sí.
Pero sólo se quedó un
tiempo. El tiempo justo para que las cryptocorinas del jardín que plantaba en
mi huerto se secasen al sol, despidiéndome con una fría lágrima de seda.
Aquel día, cuando me
alejaba para siempre de los campos de fresas con los que durante algún tiempo
adorné mis sentidos, no miré hacia atrás.
Sólo empecé a
escribir mientras caminaba sin saberlo hacia la Torre de la Luna, otra crónica
de nostalgia.
Otra crónica de
desazón para engrosar mi Libro de las Noches Perdidas:
Quise sentirte, quise
quererte,
quise ser alma en tu
corazón.
Quise estar vivo,
quise morirme,
aquella noche, y
aquel adiós.
Hoy que estoy vivo,
que ya no quiero,
y en mi camino ya se
ve el fin,
quiero pararme, escribir
un verso,
que hable del tiempo
en que estuve aquí.
Mañana parto a buscar
mi sueño,
futuro incierto de
sombra y luz.
Si alzas la vista y
me ves pequeño,
es que estoy lejos,
te quedas tú.
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