
Crónica I. El comienzo.
Aquel día, cuando las nubes tapaban por completo la visión de Cepheus, anunciándose las primeras luces de una primavera de plomo, salí de mi guarida.
El
día que alcance a mi destino será probablemente a la misma hora a la
que mi pasado consiga atraparme; la explosión, con el presente invitado a
la fiesta, será tan enorme que conseguirá molestar y hasta despertar, a
los dioses menores que duermen en las sombrías y frescas cuevas de
W’aah.
Y será el fin de los tiempos.
Y será el fin de los tiempos.
Aquel día, cuando las nubes tapaban por completo la visión de Cepheus, anunciándose las primeras luces de una primavera de plomo, salí de mi guarida.
Aquella cueva que me había acogido durante tanto
tiempo, sembrada de musgo regado por el goteo de las húmedas y frías estalactitas,
me vio partir a la búsqueda de nuevas tierras de espigas, de nuevas almas con
las que compartir y sonreír.
Pero el primer paseo en aquel nuevo y
desconocido mundo me sorprendió.
Era titubeante, como seguramente fue el de
aquel gatito de oro que, siendo yo aún pequeño, desapareció del patio de mi
casa y jamás volvió.
Aún recuerdo que entonces lloré por él,
mirando a las nubes de mazapán que se formaron aquella tarde, y preguntándoles
porqué se había se había marchado.
Los demás gatos del pueblo me contaban que él
también lloró, tal vez por el mundo seguro y protector que había dejado atrás
para siempre.
Después, ambos seguimos nuestra incierta senda...
y fue cuando comprendí que no es otra la condena a la que el cielo sometió a
los hombres que la de caminar sin descanso.
Fue mi primer contacto con otra vida, más
allá de mi cueva, y lejos de la ciudad que corona el páramo de Erfoss. En mi
camino dejé, escrito sobre un papel que después tiraría, el pensamiento de mis
pasos:
Una calle vacía, un
sol helado
Un calvario de
arañazos y de heridas
Una sombra que
penando ha caminado
Para salir de otro
invierno de su vida
Cuentan de un hombre
que un día,
abandonó la
ciudad,
con el alma en carne
viva,
a caminar ... caminar
A buscar y encontrar
un país remoto
Donde el sol dejó de
helar, y ahora calienta
Primavera anticipada,
invierno roto
vuelta al mundo sin
temor, llantos en venta
Pero esa primavera
anticipada, ese sol de fuego y esas nubes, serán parte del futuro que dejaré
grabado en estas páginas, futuro esquivo e incierto de caminos y sombras, que
no dudo que dejará muchas crónicas con las que saciar el hambre de letras de
este libro: El Libro De Las Noches Perdidas.
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