Crónica X. La helada Gárgola: aquel rechazo
¿Qué esperabas encontrar, Helada Gárgola, cuando aceptaste mi invitación a subir a mi Torre de la Luna?, si ya sabías que sólo tengo una vieja mesa de baobab, una cama de maíz y una chimenea en la que siempre arde el Fuego de Ur.
¿O tal vez creías que mentía y esperabas encontrar riquezas, limpios diamantes de fuego que brillasen a la luz de las tres lunas de Lyra?
Erraste una vez más, pues sólo tengo un viejo libro en el que anoto los desgarros de las almas de los espíritus blancos cuando están a punto de morir, devorados por los lobos de la tundra del recuerdo: mi viejo y sabio Libro de las Noches Perdidas, ante el que me encuentro esta noche. Y mi planta, mi nueva planta, verde como las esmeraldas de los palacios de las hadas de la colina, que pugna por crecer; lentamente, día a día y noche a noche.
No puedo dejar de pensar que tal vez creías que, al igual que en los espumosos campos de los dioses ancestrales de la bóveda de las estrellas, pensabas que podías encontrar en mi torre algún ánfora que contuviese el agua primordial del arroyo que baja cantando desde el lejano Desfiladero deWa.
Y seguramente no sabías que desde mi sucia ventana se pueden observar, uno a uno, los planetas de la alineación de Hypérbole; y pobablemente no intentaste calentar tus huesos en el Fuego de Ur.
¡Quien sabe, si hubieses probado la miel de mis abejas, las mismas que liban las cryptocorinas del jardín bajo el Sol de Ravenna, te hubieses quedado aquí!
Hoy he oído que tu alma de basalto ha vuelto a visitar los infiernos, donde probablemente fuiste feliz algún día, y del que entras y sales con la velocidad de los cometas que surcan los Cielos de Kamuth, en las lejanas montañas de la locura.
Rechazaste volver a subir a mi Torre, desde la que se pueden escuchar las Cigarras del Arrozal, y en la que se puede hojear lentamente, una a una, las páginas de mi libro. Las estrellas negras que cruzan la Bóveda Rojiza del Infierno en las Alturas se enseñorean hoy con tu presencia, y el vacío erial de los Chacales del Páramo Helado que aúllan a las Seis Lunas Negras, se ha vuelto a convertir en tu morada temporal, hasta que algún otro crédulo caminante quiera volver a invitarte a subir los peldaños de su Torre.
Mientras sigo mi senda incierta bajo las nubes de blanco mazapán, y mientras alimento los recuerdos de tiempos remotos, me gustaría hacer un espacio en el tiempo para desearte un feliz retorno, sea de ida o de vuelta, a tu estacíon de destino.
El reloj está cansado... y yo también; es hora de cerrar esta última página, y engarzarla en el Punzón del Poeta.
Salud y milenios de calor, Helada Gárgola.
Estas fueron otras Crónicas de la Torre de la Luna. Más crónicas de luces y sombras, de hadas y de trasgos, de duendes y de brujas, de soledades y compañías, de odio y de amor, de muerte y de vida; el Libro de las Noches Perdidas vuelve a cerrarse esta noche, satisfecho por cientos de letras nuevas que hurgan en su oscuridad..

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