viernes, 26 de mayo de 2017

Crónica XI, Interludio II. Sinfonías Tontas: Algún día será para ella

Crónica XI, Interludio II. Sinfonías Tontas: Algún día será para ella (declaración de amor a un Hada).

Mi sueño es de papel,
de lluvia y nieve,
de tangos de Gardel,
de brisa leve.

Sus ojos son efluvios
de calma y viento,
de tardes de diluvio,
de llanto lento.

Cabellos como plumas
que escriben solas
entre el agua y la espuma,
versos de olas.

Su risa me estremece,
bajo la Luna.
Y ojalá se meciese
en mi misma cuna.

Nunca existió esa mujer
pero es tan bella,
que ojalá cuando exista...
sea como ella

jueves, 25 de mayo de 2017

Crónica XII. Aquel Invierno.


Crónica XII. Aquel Invierno.
 
Aquel invierno fue tan duro como su corazón.

Tan pétreo como su mirada en aquella puerta.

Tan solitario como aquel pasillo por el que se fue.

Tan amargo como sus ultimas palabras en aquel oscuro ascensor.

Tan helado...que me heló el alma.

Y todavía cuentan que en las noches de invierno, las mas duras, pétras, solitarias, amargas y heladas,  el alma de un condenado vaga por aquel maldito bosque de cemento

Mirando a todas las puertas.

Arrastrándose por aquellos pasillos.

Intentando escuchar algun susurro en la oscuridad.

Abriendo las puertas de todos los ascensores... buscando... y maldiciendo en silencio.

martes, 9 de mayo de 2017

Crónica XIII. Primavera, al fin.

Crónica XIII. Primavera, al fin.


Hotel, triste hotel
Hogar, dulce hogar
Estatuas de sal
Habitación con vistas a tu piel
      (Joaquín Sabina modified)

Porque no siempre escribimos aquellos poemas malditos, olvidados y oscuros
los de aquellas noches en las que sangran las nubes, y no para de llover.

Porque no todas las noches son noches de lobos, trasgos y gizmos devoradores de almas errantes.

Porque siempre hay algunas en las que Plutón amanece recién pintado.

Porque estoy en mi casa, y me siento bien mirando por el balcón, sonriendo a las hadas que revolotean por las farolas.

Jaén, Primavera al fin

miércoles, 3 de mayo de 2017

Crónica XIV. La cita con Ella.


Crónica XIV. La cita con Ella.


Hay lugares encantados detrás de las sombras de los tejados de la vieja y cansada ciudad, que ni los gatos más oscuros y canallas del lugar conocen.


Cuando comiencen a brillar las primeras luces de neón de la ciudad, te llevaré conmigo allí.

Sortearemos saltando todas las chimeneas de la manzana en la que tengo mi torre, la misma desde la que aquella lluviosa noche te vi pasar, no lejos de la ventana de mi buhardilla.


Te enseñaré una sombría mansarda que conozco, donde se ocultan los sueños, antes incluso de refugiarse en las mentes de los que duermen. Y podrás escuchar la música del agua cayendo por las extrañas gárgolas de zinc de la antigua iglesia.


Y mientras, sé que Arturo y Vega nos observarán fijamente, sonriendo entre ellas, dando vueltas y vueltas a la bóveda estelar que nos acompañará hasta el amanecer.


Cuando volvamos, será casi de día. Bajaremos por la vieja escalera de incendios de la fábrica abandonada; mientras, los primeros rayos de sol jugarán con las gotas de rocío, que a esa hora habrán preñado de perlas el musgo de los canalones.


¿Te gustaría venir conmigo?

lunes, 1 de mayo de 2017

Crónica XV. La vuelta.


Crónica XV. La vuelta.

Tal vez fue el sonido del arroyo de las almas inquietas el que me llamó en aquel crepúsculo escarlata, o tal vez no.

Y tal vez sea hoy el recuerdo de aquel oscuro sueńo durante el que, merodeando entre Arturo y Vega, una estrella fugaz me desveló.

O tal vez no.

¿Qué más da ya? El caso es que aquella noche bajé; aquella luz me hizo descender uno a uno los escalones de mi Torre, en pos de aquel fugaz rayo de luna; pensaba que yendo tras él, recorrería senderos nunca hollados por los seres del poblado primordial.

Pero casi súbitamente, con la misma rapidez con la que las genistras se enseñorean de las praderas donde yacen los cadáveres de las batallas, aquel rayo se tornó oscuridad.

El regreso es lento, tan lento que puedo ver cómo languidecen las ulmarias y los polyanthus, más allá de la Garganta del Rayo, mientras retorno a la Torre de la Luna.

Pronto volveré a estar a solas con aquel laúd de gingko, rasgando sus cuerdas con mi plectro, y extrayendo uno a uno los gemidos de los dioses de las bóvedas nocturnas.

Pero mientras, y surcando el sendero tortuoso que desciende desde las montañas de Ur, voy describiendo y escribiendo de nuevo acerca de las oscuras noches de los Atlantes, arañando mis ideas en las hojas de palma que crecen en la orilla del riachuelo helado.

Cuando llegue a mi Torre ya estará amaneciendo, y los dos soles de Lyra estarán ya bailando entre las montañas de la locura. Entonces descorcharé una botella de absentha, aquella que compré en la taberna del Lobo años atrás. Y volveré a escribir en el libro de las Noches Perdidas otra historia más.

Otro rasguño en la mesa de baobab, la misma que cruje lastimeramente cuando me siento junto a ella, siempre que vuelvo cansado de un viaje casi estelar.

Es el fin de otro viaje. Es hora de no luchar y acurrucarse en la hoguera, esperando que los huesos helados vuelvan a sentir una nueva y tardía primavera: es de nuevo el principio de los tiempos.

Sea.

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