Muchas noches de lobos y de extraños seres devoradores de almas. Y mientras tanto, la vida pasaba lentamente sobre mi mesa de baobab. A mi Padre, por todo. A mi primo Kike, por todas las noches de lunas y cervezas que no volverán. A mis tíos y tías, que se fueron yendo uno a uno y una a una, dejándonos tan solos. A mi amigo-hermano Miguel, que estará dibujando caricaturas en otras dimensiones. Salud y largas noches ante mi chimenea en la que siempre arde el fuego de Ur, para los que me visitan.
lunes, 1 de mayo de 2017
Crónica XV. La vuelta.
Crónica XV. La vuelta.
Tal vez fue el sonido del arroyo de las almas inquietas el que me llamó en aquel crepúsculo escarlata, o tal vez no.
Y tal vez sea hoy el recuerdo de aquel oscuro sueńo durante el que, merodeando entre Arturo y Vega, una estrella fugaz me desveló.
O tal vez no.
¿Qué más da ya? El caso es que aquella noche bajé; aquella luz me hizo descender uno a uno los escalones de mi Torre, en pos de aquel fugaz rayo de luna; pensaba que yendo tras él, recorrería senderos nunca hollados por los seres del poblado primordial.
Pero casi súbitamente, con la misma rapidez con la que las genistras se enseñorean de las praderas donde yacen los cadáveres de las batallas, aquel rayo se tornó oscuridad.
El regreso es lento, tan lento que puedo ver cómo languidecen las ulmarias y los polyanthus, más allá de la Garganta del Rayo, mientras retorno a la Torre de la Luna.
Pronto volveré a estar a solas con aquel laúd de gingko, rasgando sus cuerdas con mi plectro, y extrayendo uno a uno los gemidos de los dioses de las bóvedas nocturnas.
Pero mientras, y surcando el sendero tortuoso que desciende desde las montañas de Ur, voy describiendo y escribiendo de nuevo acerca de las oscuras noches de los Atlantes, arañando mis ideas en las hojas de palma que crecen en la orilla del riachuelo helado.
Cuando llegue a mi Torre ya estará amaneciendo, y los dos soles de Lyra estarán ya bailando entre las montañas de la locura. Entonces descorcharé una botella de absentha, aquella que compré en la taberna del Lobo años atrás. Y volveré a escribir en el libro de las Noches Perdidas otra historia más.
Otro rasguño en la mesa de baobab, la misma que cruje lastimeramente cuando me siento junto a ella, siempre que vuelvo cansado de un viaje casi estelar.
Es el fin de otro viaje. Es hora de no luchar y acurrucarse en la hoguera, esperando que los huesos helados vuelvan a sentir una nueva y tardía primavera: es de nuevo el principio de los tiempos.
Sea.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Entrada destacada
Crónica VII. El Loco.
C rónica VII. El Loco. Aquella noche decidí irme a la orilla del Guadalquivir, a tirar piedras a las estrellas, mientras aspiraba el ...
-
C rónica Cero En lo alto de la Torre de la Luna donde el cielo y la tierra se hacen guiños siglos ha que un dios menor puso una cuna ...
-
C rónica IX, Interludio I. Sinfonías Tontas: El Abandono. No quise cuando debiera. Cuando debí no miré. Cuando no miraba era, ...
-
C rónica XXIV. Cantos nocturnos: A Miguel Ángel Romero Mejías, mi amigo ... mi hermano A Miguel Ángel Romero Mejías, Mi hermano ...

No hay comentarios:
Publicar un comentario