Crónica Cero
En lo alto de la Torre de la Luna
donde el cielo y la tierra se hacen guiños
siglos ha que un dios menor puso una cuna
donde solía mecerme siendo niño
Muchas noches de lobos y de extraños seres devoradores de almas. Y mientras tanto, la vida pasaba lentamente sobre mi mesa de baobab. A mi Padre, por todo. A mi primo Kike, por todas las noches de lunas y cervezas que no volverán. A mis tíos y tías, que se fueron yendo uno a uno y una a una, dejándonos tan solos. A mi amigo-hermano Miguel, que estará dibujando caricaturas en otras dimensiones. Salud y largas noches ante mi chimenea en la que siempre arde el fuego de Ur, para los que me visitan.
C rónica VII. El Loco. Aquella noche decidí irme a la orilla del Guadalquivir, a tirar piedras a las estrellas, mientras aspiraba el ...
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