Crónica XXIII. Cantos nocturnos: Adiós, Tiami, buen viaje
Al hada de la luna.
La que nos hizo mayores a base de ser siempre niños
La que siempre fue una niña a pesar de hacerse mayor
A Mercedes López Martín, mi tía… nuestra Tiami
Que sí, que ya sé que
probablemente no la leas, pero no quería ir a Llerena a acompañarte en tu
último paseo sin escribirte antes esta carta de despedida.
El tren sale en una
hora, el mismo ruidoso amasijo de hierros en el que siempre hemos ido a casa en
vacaciones ¿te acuerdas?. Ay, aquella jauría de niños inquietos que salían de
esos vagones e invadían la Calle Santiago, y que os tocaba soportar, verano
tras verano, con una sonrisa de las casi madres de todos nosotros que fuisteis.
Hoy quiero que te
vayas con esta carta, y quiero compartir con mi gente, igual que comparto sueños,
risas y a veces enfados, los recuerdos de toda una vida y el dolor que en este
momento me ennegrece el alma.
Muchas veces te
escuché decir, hasta la saciedad, que no querías ser la última, que no querías
ver irse, uno por uno, a todos tus hermanos y hermanas... Pero lo fuiste, la
última de una generación de personas buenas, para no entrar en calificativos
chorreantes que oculten la inmensa tristeza que me agrieta el corazón desde
esta mañana.
Te has ido, gamberra,
sin despedirte. No quisiste ser pesada, no se te oyó salir, y te llevaste el
último trozo de nuestro corazón infantil, ese trozo que aún juega con los
gatos, persigue a las gallinas y se esconde en las frescas habitaciones del
fondo de la casa para que no le laven detrás de las orejas.
Llévate ese trocito,
niña: Te lo regalo, “p'a tí p'a siempre”.
Y donde vayas, quiero
creer que te encontrarás con Papá, con Tío Enrique y Tío Lorenzo, con Cotola,
Tía Araceli, Tía Rosi, Tía Dolores, Tía Clotilde y Tía Adelaida.
Y también quiero
creer que en algún sitio, estarán con ellos Tío Fulgencio, Tía Lala, Tío
Enrique López Vidarte y todos vuestros primos que, uno por uno, como granos de
una granada, han ido soltándose y yéndose.
Toda una generación
ha terminado de irse, la que nos tuvo, nos crió y nos hizo los niños más
felices de Llerena.
Ese elenco de actores
y actrices de la vida que soportó estoicamente, primero dos guerras, y después
las travesuras de unos niños que soñaban con mares profundos mientras remaban
en una caja de cartón en el patio; los mismos niños que subían a caballo de las
ramas de una higuera buscando países de fantasía, y saltaban por los tejaos de
Lalo buscando tesoros escondidos: Mi hermana, mis primos y yo.
Gracias Tía Mercedes,
Tiamichichi como te gustaba que te llamásemos, gracias por todo, gracias a
todos, gracias por haber estado ahí toda esta vida.
Vuestros
"niños" ya les han hablado mil veces a vuestros nietos, y estos
también lo harán a vuestros biznietos cuando sean mayores y puedan entender,
que tuvieron la enorme satisfacción y el impagable regalo de haber nacido y
crecido a vuestro lado.
Gracias, componentes
añorados, y ya extintos, de la generación López, la de entreguerras, que os
habéis ido uno a uno, dejándonos los ojos repletos de lágrimas y el corazón
inundado de recuerdos imborrables y felices.
Buen viaje
Tiamichichi, te deseo un buen viaje, el mejor de los viajes, el que acabas de
emprender para encontrarte con Abuelina, Abuelito, tus hermanos y tus primos.
Como siempre solíais decir: ¡Llama cuando llegues, y da recuerdos por allí ! :)
Os quiero a todos. Os
queremos a todos.
Javi...y todos los
demás niños.
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