viernes, 28 de abril de 2017

Crónica XVII. Subiendo de nuevo.


Crónica XVII. Subiendo de nuevo.


Aquella noche volví a sentarme en la buhardilla que corona la Torre de la Luna, donde el cielo y la tierra se hacen guiños ¿te acuerdas?

El hombre del tiempo ya dijo que Júpiter iba a amanecer nublado, y así fue: Una extraña niebla se pegó a la superficie del planeta de los sueños esa mañana, así que esperé al anochecer para enfilar la escalera de caracol de pesados escalones, tratando de no resbalar con las gotas de llovizna de lágrimas de hielo que los perlaba.

Entonces descubrí que hacía meses que no subía a la torre de los condenados y de los errantes: mi oscuro y fresco rincón de los sueños de maíz.

Al encender la luz encontré un panorama algo desolador, pero cómodo. Dos libélulas del pantano, molestas por aquellos rayos dorados que las deslumbraban, revolotearon la lámpara. Y el revoloteo hizo que sembraran del polvo de hadas de sus alas mi vieja mesa de madera de baobab.

Excelente panorama para retomar la escritura del libro de las noches perdidas. El libro de los recuerdos oscuros que, en las noches en las que los lobos primordiales de Urano aúllan, se llena de manchas de soledad y de lágrimas negras de hastío y desesperanza.

Era una noche de lobos en la Torre de la Luna. Vaya, ¡ojalá se marchasen!. ¡Ojalá que a medianoche volviesen al camino, a la búsqueda de algún alma que devorar, y me dejasen seguir escribiendo en paz!.¡Horribles lobos devoradores de recuerdos!

Porque esa noche necesitaba escribir historias. Historias de mares grises y noches de diluvios en las que los dioses menores de mis antepasados se lamentasen con rabia por sus reinos perdidos en la inmensidad del espacio.

Malditas noches. Malditos días. Júpiter no amanecerá recién pintado mañana. Pasado ... será otra historia

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