Crónica XXVIII. Cantos nocturnos: A mi efímero perro amigo
Dicen que la Tierra devuelve la bondad a la gente que la esparce por ella
Hoy voy a desear, desde mi Torre, que la Tierra os devuelva todo el bien que habéis repartido por ella, con vuestros posts en las redes sociales.
Hoy voy a desear, desde mi Torre, que la Tierra os devuelva todo el bien que habéis repartido por ella, con vuestros posts en las redes sociales.
Las milenarias piedras de la Torre de la Luna están en deuda con vosotros.
Gracias, queridos humanos, muchas gracias
Aquella noche mientras la luna menguante de agosto se disponía a salir, perezosa y tranquila como imitándote, entraste en mi vida: en mi Torre de la Luna.
Con tus feroces lametones, tus temibles zalamerías y tus aterradoras miradas de miel, me fuiste conquistando hasta hacerte un hueco, hasta hacerte el amo y señor de mi Torre.
Han sido dos días intensos desde aquella luna, perro amigo. Dos días en los que has despertado a todos los oscuros y tristes espíritus de la torre, que han salido despavoridos: espero que tarden mucho en volver.
La torre está casi limpia ahora, a base de lametazos de cariño.
Te he dado lo que tenía, que era bien poco: comida, bebida, alojamiento y cariño. Y me has dejado tu amor incondicional que, como si fuese esencia de hadas, perfuma desde anoche cada rincón de mi buhardilla, en la que siempre arde el fuego de Ur.
Gran cambio he hecho, a pesar de las lágrimas que brotaron de este supuesto hombre de hielo que en realidad es de agua: de agua templada.
Gracias perro amigo, muchas gracias por tu visita, y vuelve cuando quieras. Las cryptocorinas de la base de mi Torre, las perlas de rocío de sus escalones, las libélulas del lago que vienen a espolvorear su brillante halo de luz bajo mi lámpara de aceite cuando escribo, te recibirán como te han recibido estos días.
Aunque sepa que eso no volverá a ocurrir, y que como tiene que suceder en la imaginaria vida de mi Libro de las Noches Perdidas, me olvidarás cuando tu amo te lleve a pasear por la hierba de su prado.
Aunque en realidad no quiera que me olvides como tantos sueños que visitaron mi torre que se convirtieron en recuerdos, me olvidarás. Así debe ser, pues ambos tenemos que seguir nuestro camino. Algún día, cuando otro amigo perro se acerque a mi torre, le hablaré de ti, de todo un bebé-perro que me hizo feliz durante dos días.
Y le contaré tus ocurrencias, tus chupeteos, y también tus gemidos cuando te alejabas hacia tu nueva vida. Y le contaré como el niño grande que habita la Torre de la Luna también gimió cuando te alejaste.
No te olvidaré perro amigo. Te lo prometo.
Agosto de 2018. Luna menguante, casi nueva. Como yo.

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