
Crónica XXX. El recuerdo se marchó.
Desperté aquella mañana de ese invierno echando en falta algo que creía tenía, guardado y seguro, en el fondo del baúl de los sueños.
¿Dónde habrá ido? lo doblé y lo guardé con todo mi cariño, por si un día me apetecía dedicar un minuto a soñar y echarlo de menos.
Cuentan las leyendas que los sueños olvidados, los que no vuelven, se refugian en los prados grises de más allá de la aldea de los seres primordiales, y se transforman en aves multicolores que pasan el resto de las noches de su vida chillando a las ranas y chotacabras del lago.
Si tuviera más sueños guardados, dedicaría unos minutos de mi noche estelar a recordarlos, de forma pausada, suavemente.
Y mientras fumo mi pipa de kif y bebo lentamente de mi pequeño vaso de absentha con la esperanza ya perdida de encontrarlo, me despido con una lágrima de él, el-ya-olvidado-sueño que estará tornando, cual crisálida, en ave fantástica del lago.
¡Larga vida te quede, entre el prado y el lago, bajo las tres lunas de Hyrsys, chillando y asustando a las ranas y chotacabras nocturnas!
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