Crónica XXVII. A mis pintores de almas
Tengo un alma que vender, ¿alguien la compra?,
dijo el hombre de los huesos congelados,
que llegó a vuestra ciudad aquel invierno
con la carne podrida de pasado.
Hoy después de tanto tiempo de aquel día,
hoy que tengo el corazón recién pintado,
he pensado que os debía esta poesía,
y dar algo del calor que me habeis dado.
A mis pintores de almas, mis amigos del grupo. Os quiero a todos.
Carretera de Jaén, Primavera.
Muchas noches de lobos y de extraños seres devoradores de almas. Y mientras tanto, la vida pasaba lentamente sobre mi mesa de baobab. A mi Padre, por todo. A mi primo Kike, por todas las noches de lunas y cervezas que no volverán. A mis tíos y tías, que se fueron yendo uno a uno y una a una, dejándonos tan solos. A mi amigo-hermano Miguel, que estará dibujando caricaturas en otras dimensiones. Salud y largas noches ante mi chimenea en la que siempre arde el fuego de Ur, para los que me visitan.
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